Supertextos
La palabra que golpea, en tu tipografía y tu color, apareciendo justo cuando la dices. No al empezar la frase: en el instante exacto en el que sale esa palabra.
revelado palabra a palabra · en tu tipografía
Le mandas los brutos tal cual salen del móvil y te devuelve el vídeo montado de cero a cien: corte, visuales, sonido y captions, con tu estilo.
Tu vídeo montado en diez minutos. Apúntate para probarlo el primero.
Se lo mandas y ya está. Claudia busca la mejor toma de cada frase del guión, aprieta los silencios y deja la timeline montada antes de que te hagas un café.
Antes del primer vídeo se monta tu video system: tu tipografía, tu color, cómo se ven tus captions y cuáles son tus efectos. Se hace una vez y manda sobre todo lo que venga después.
La palabra que golpea, en tu tipografía y tu color, apareciendo justo cuando la dices. No al empezar la frase: en el instante exacto en el que sale esa palabra.
revelado palabra a palabra · en tu tipografía
Siempre puestos, tres palabras como mucho, con la sombra que los hace legibles sobre cualquier metraje. Y se callan cuando manda un supertexto.
Le sueltas la carpeta entera: cada clip, cada toma repetida, cada «espera, lo repito». Te devuelve todo lo que dijiste, escrito, con su hora exacta y el clip del que sale.
00:04.1 Nadie ve tus vídeos porque el primer segundo no dice nada. bruto_01
00:11.7 Nadie ve tus vídeos porque… a ver, espera, lo repito. bruto_02
00:19.3 Nadie ve tus vídeos porque el primer segundo no dice nada. bruto_02
00:27.0 Y eso se arregla en el montaje, no grabando otra vez. bruto_04
00:33.4 Mira este ejemplo de aquí… no, este no. El otro. bruto_04
00:41.6 Así que lo primero que hay que arreglar es el arranque. bruto_05
Le sueltas la carpeta entera. Cuarenta y dos clips, once minutos. Sin renombrar nada, sin ordenar nada, sin preparar nada antes.
Lo escucha todo, palabra por palabra. Cada frase queda con la hora exacta en la que la dices y con el clip del que sale.
Y las repetidas quedan juntas. Si dijiste la misma frase cinco veces, ahí están las cinco, una debajo de otra.
Las tomas en el orden de tu guión, la buena de cada frase y fuera todo lo demás: los silencios, los arranques fallidos y las cinco veces que repetiste lo mismo. Un vídeo que ya se puede ver de principio a fin.
Y si tu guión pide una frase que no dijiste en ningún clip, no se la inventa: te deja ese tramo marcado para que lo grabes.
No plantillas: piezas que se visten con tu tipografía y tu color antes de entrar en el vídeo.
Elige tu canción. Ella la coloca, baja el volumen sola cuando hablas, clava los efectos donde pasa algo y te escribe los captions en tu tipografía.
Tú eliges la canción y ella elige qué trozo va en cada momento. Cuando hablas, la música baja; cuando algo se mueve, cae el golpe justo ahí.
Once lentes miran el vídeo terminado fotograma a fotograma y devuelven cada fallo con su timecode y la pieza que lo arregla. Hasta que el parte no sale limpio, el vídeo no se entrega.
Cada super efecto es una skill entrenada para generarlo: no es un preset que se aplica, es una receta que Claudia sabe ejecutar sobre tu metraje. Como mucho, uno por vídeo.
Claudia no salió de una reunión. Salió de un cajón lleno de vídeos sin editar.
Grabábamos. Se acumulaban. Y cada vez que tocaba montar uno aparecía lo de siempre: abrir el editor, buscar la toma buena entre once minutos de brutos, recortar silencios, poner los textos, cuadrar la música. Cuatro horas para cuarenta segundos de vídeo. Así que un día dejamos de editar y nos pusimos a construir quien lo hiciera por nosotros.
Primero fue un script que cortaba por el guión. Luego uno que ponía los visuales. Luego un juez que revisaba el resultado y nos decía dónde estaba mal, para no tener que mirarlo nosotros. Un año después eso tiene nombre, ventana y cola de trabajo.
El primer cliente de Claudia fuimos nosotros, y sigue siendo el más exigente: los vídeos que ves en esta página están editados con ella, de principio a fin. Si funciona con los nuestros, funciona con los tuyos.
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